Reflexión Evangelio 9 Junio 2002

José Carlos nos comparte esta reflexión del P. Toño..

Décimo Domingo Ordinario
Junio 9, 2002
Mateo 9,9-13

Este es un Evangelio que me hace recordar mi partida al Noviciado de los
Misioneros del Espíritu Santo. El entonces Director de la Empresa donde prestaba mis servicios, al saber mi decisión de entrar a la Congregación, se sorprendió mucho. En el momento de estarle dando la noticia, tenía entre sus manos una carta, que supuestamente me quería leer, después me dijo que se trataba de un muy buen ascenso en mi trabajo. Cuando yo vi que por allí iba la cosa, habiendo logrado un gran éxito en un estudio sobre administración de recursos humanos que él me encomendó, le pedí que me dejara hablar un poquito antes de que él continuara. Recuerdo que le dije: “Don Enrique ya se por donde va, pero quiero ser honesto, hoy pensaba avisarle que dejo la empresa, me miró con un gran asombro y me dijo, “no me vayas a salir con que te vas a otra empresa…”. Si, le dije, a otra empresa, me voy para responder al llamado de Dios, me voy de sacerdote. Casi le da un infarto.

Bueno, lo anterior es sólo para ponerlos en el contexto de lo que significa para mí este Evangelio. Unos días antes de marcharme a México, el mismo Don Enrique quiso encargarse de la preparación de mi despedida y organizó una Misa y justamente ese día se leyó ese Evangelio. Se me quedó muy grabado en mi corazón.

Lo más bello que aprendí de este trozo evangélico y sobre todo del personaje llamado Mateo, fue que la respuesta debe ser de inmediato… “El se levantó y lo siguió”

El P. Félix Rougier, tiene una expresión muy bella: “La Obediencia debe ser
pronta y alegre” Y eso es lo que más me impresiona de Mateo y lo que más me ha impresionado siempre del P. Félix y de todos los hombres y mujeres, que como ellos, no sólo han descubierto la grandeza de esta virtud ante la llamada de Dios, a veces directa, la mayoría de las veces a través de otras personas o de los acontecimientos más comunes y corrientes. Han descubierto también que al obedecer, no como títeres, sino con la fuerza de una inteligencia que ilumina, de una voluntad que se entrega, de una experiencia que realiza su persona. El Religioso a su superior, el Padre de familia a su patrón, sabe que de allí saca el sustento para sus hijos. El marido a las sugerencia tierna de su mujer, la esposa a su esposo, como María a José. No obstante que Ella era la Madre de Dios, José dijo sencillamente: “Levántate, toma al Niño y huyamos, porque Herodes lo busca para matarlo”. También María, Ella primero que nadie, muestra prontitud y alegría al obedecer.

Jesús quiere ante todo Misericordia y no Sacrificio. Aunque normalmente el
Misericordioso necesita obedecer al mandato de Jesús y muchas veces este mandato supone la donación de la propia voluntad. Habrá sacrificio mayor que ceder la propia voluntad?. Pero la memoria me recuerda que todas las veces que he obedecido pronta y alegremente mi corazón ha sentido un profunda paz y una inexplicable alegría..

Hoy como hace siglos, el Señor te llama, por nombre. Síguelo… obedece. Dale el gozo del sacrificio más fecundo que es la Obediencia, y El lo convertirá en Misericordia. La Misericordia que tanto necesita nuestro mundo.

P. Antonio Armendáriz, M.Sp.S.